El fin de la seguridad alimentaria

30 de abril de 1999

Las últimas declaraciones del secretario de Agricultura confirman que el Estado mexicano canceló su responsabilidad para garantizar la seguridad alimentaria de la población. Según Romárico Arroyo, la reserva técnica de maíz que manejaba la extinta Conasupo quedará en manos de las empresas privadas (La Jornada, 21/04/1999). Sin eufemismos esto significa que la reserva técnica de maíz desaparece.
La reserva técnica consiste en un volumen suplementario de productos básicos (en este caso maíz), propiedad del gobierno, que está disponible para responder a emergencias naturales, o contingencias geopolíticas y económicas. Tiene también como propósito evitar la especulación con los productos básicos durante una emergencia y falta de abasto por vías normales. Desde 1937, con la formación del Comité Regulador del Mercado de Trigo, se creo en México la primera reserva técnica de alimentos. A lo largo de la operación de Conasupo una de sus funciones fue mantener y administrar una reserva técnica de maíz para garantizar el abasto de la población durante tres meses. Este periodo es el tiempo de reposición de las existencias desde cualquier punto de entrada al país.
El secretario supone que mientras las comercializadoras privadas tengan en existencia alrededor de 600 mil toneladas de maíz --equivalente a 45 días de consumo-- la reserva de seguridad alimentaria del país está garantizada. Sin embargo esas existencias serán propiedad privada y el Estado no podrá disponer de estos granos en un momento de emergencia, menos aún asumir que las empresas propietarias garantizarán el abasto a los precios y cantidades requeridas por la población demandante. No son por tanto una reserva técnica. La única reserva técnica que ahora existe es la creada por el gobierno del Distrito Federal que garantizará la existencia de maíz para 20 días de consumo de la ciudad.
Tanto los países exportadores de alimentos, como los países importadores mantienen reservas técnicas con objetivos de seguridad alimentaria. Estados Unidos, además de mantener una reserva técnica propiedad del gobierno y distintos programas de apoyo con alimentos en situación de desastres, reporta diariamente las principales exportaciones agrícolas para prevenir un desabasto en el mercado interno. Los países del sur de Asia y del sur de Africa no sólo mantienen reservas técnicas nacionales, sino garantizan reservas técnicas regionales. Lo mismo sucede en la Unión Europea. China, Canadá y Japón cuentan también con reservas técnicas.
Pero México ha decidido cancelar la suya en aras de aprovechar las ventajas financieras que ofrece ser vecino de Estados Unidos, uno de los mayores exportadores mundiales de maíz. El gobierno mexicano pretende ahorrar costos financieros, de almacenamiento y conservación, al precio de depender de los inventarios exportables de Estados Unidos. Durante el primer semestre de 1996, la sequía aunada a una baja de los inventarios de Estados Unidos --sus existencias de granos básicos cubrían sólo 53 días de consumo, el nivel más bajo de los últimos 25 años-- colocaron a México en riesgo de un desabasto de maíz.
El concepto de seguridad alimentaria del secretario de Agricultura no está vinculado a la producción nacional y el esfuerzo de los productores, ni a las políticas de regulación y fomento, sino a la disponibilidad de alimentos en el mundo y a las divisas en el país para adquirirlos. Bajo este enfoque la dependencia alimentaria del país no se ha profundizado a pesar de que el año pasado el 22 por ciento del consumo nacional de maíz, el 75.5 por ciento del consumo de trigo, el 96 por ciento del consumo de soya y el 57 por ciento del de sorgo dependieron de importaciones. En 1998 las importaciones agropecuarias sumaron 4 mil 645 millones de dólares, equivalentes a más de cuatro veces el presupuesto total de Procampo.
En un entorno de turbulencia económica y financiera como el actual, cuando los ingresos por exportaciones totales provienen en alrededor de 10 por ciento del petróleo, en 86 por ciento de manufacturas --de las cuales cerca de la mitad son maquiladoras-- y el 3.5 por ciento de exportaciones agropecuarias sujetas a precios volátiles y barreras comerciales, apostar la seguridad alimentaria del país a las divisas resulta cuando menos peligroso. Una apuesta deseable sería, por una vez, dar la oportunidad a los productores.