Maíz transgénico: las semillas caminan

21 de octubre de 2003

Algunas organizaciones campesinas e indígenas, preocupadas por la contaminación transgénica de las variedades nativas de maíz mexicano, reportada hace ya dos años, realizaron un esfuerzo para conocer la situación actual del grano que cultivan en más de 100 comunidades rurales de distintos estados del país.
Las pruebas confirmaron que la contaminación del maíz nativo con distintos tipos de transgenes existe en diferentes regiones del país y no es un hecho aislado ni focalizado en ciertas comunidades de Puebla y Oaxaca. Por el contrario, se registró presencia de transgenes en muestras de maíz de distintos estados, provenientes de regiones apartadas de los centros urbanos, que practican agricultura campesina de temporal, siembran semilla nativa con muy pocos o nulos insumos químicos y destinan su producción fundamentalmente al autoconsumo. Algunas de las plantas analizadas registraron la presencia hasta de tres transgenes diferentes y varias dieron positivo en el maíz Bt StarLink, prohibido inicialmente para consumo humano en Estados Unidos.
Las importaciones son la fuente de contaminación del maíz nativo. México mantiene desde 1999 una moratoria de facto a la siembra experimental o comercial de maíz transgénico, por ser país centro de origen, diversidad y domesticación del grano y por tener presencia de sus parientes silvestres, conocidos colectivamente como teocintes. Pero México es el segundo mercado para las exportaciones de maíz estadunidense después de Japón. Estados Unidos es el mayor productor de maíz transgénico en el mundo. Según su Departamento de Agricultura, este año 40 por ciento de las 32 millones de hectáreas sembradas con maíz serán transgénicas, y podemos afirmar que un porcentaje mayor de la producción estará contaminado con transgenes.
Estados Unidos se ha negado a separar el maíz transgénico del convencional, de tal forma que sus exportaciones lo contienen mezclado, y el gobierno de México -a diferencia del de Japón- no lo ha exigido. Anualmente México importa cerca de 5.5 millones de toneladas del grano de ese país.
La siembra de maíz transgénico importado provocó la contaminación de las variedades nativas. Es un hecho que el gobierno mexicano no tiene control sobre las enormes cantidades de maíz transgénico importado. Todas las empresas importadoras -más de 230- trasladan, distribuyen, procesan y comercializan maíz transgénico mezclado con maíz convencional en el territorio nacional, y son una fuente potencial de contaminación. Diconsa, la empresa estatal responsable del abasto de productos básicos en las zonas rurales, es una fuente probada de distribución de maíz transgénico. Es el principal canal de distribución del grano importado a la población rural, mediante más de 23 mil tiendas ubicadas en 95 por ciento de los municipios del país. Durante 2000 y 2001, Diconsa importó 41 por ciento del maíz de su programa de abasto rural. El año pasado importó 150 mil toneladas de Estados Unidos, equivalentes a 28 por ciento de su suministro. Para 2003 ha hecho el compromiso de no importar maíz, que frente al avance de la contaminación transgénica en regiones aisladas es aún más urgente.
La producción de maíz en México, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, es un sistema abierto. Más de 80 por ciento de la superficie sembrada con ese grano en México se planta con semillas nativas, seleccionadas cada ciclo por los campesinos. El intercambio de semillas entre productores y regiones es una constante, y es lo que ha permitido la diversidad de variedades en el país, que también se presenta como característica de cada parcela. Este sistema es muy distinto al que se forma cuando los agricultores compran cada ciclo semillas homogéneas producidas industrialmente.
Además, el maíz es un cultivo de polinización abierta o cruzada, en el que cada semilla recupera y transmite a su progenie una historia. La contaminación transgénica de las variedades nativas es un proceso difundido entre distintas regiones, y los productores no tienen posibilidades de detectarla por métodos simples. Según algunos especialistas en genética del maíz, es muy fácil ingresar nuevos genes al sistema, pero es muy difícil, si no imposible, erradicarlos.
El escándalo del StarLink en Estados Unidos, y la contaminación de las variedades de maíz con transgénicos en el centro de origen, demuestran que las semillas caminan, y hacen urgente parar la invasión de transgénicos antes de que en el país no quede una sola planta sin ellos.