Autosuficiencia alimentaria para las trasnacionales

19 de julio 2020

La jornada

La columna vertebral para la recuperación del campo que propone el gobierno federal es la autosuficiencia alimentaria. Pero ésta es imposible con un mercado abierto, ya que las importaciones no ocurren sólo por falta de producción, sino por ventajas en las condiciones financieras, logísticas, de precios, influidas por las condiciones climáticas y los subsidios que otorgan otros países a la producción y exportación de sus productos.

La autosuficiencia alimentaria además de irrealizable, tampoco es conveniente. La agricultura mexicana es hoy un sector altamente trasnacionalizado y concentrado. Después de 26 años de operación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la agricultura y alimentación de los tres países está desfavorablemente integrada para México. El TLCAN eliminó cualquier arancel a las importaciones y mantiene el mercado agroalimentario abierto con Estados Unidos y Canadá. Resultado de ese tratado muchas empresas trasnacionales instalaron sus plantas en México para aprovechar las ventajas de una fuerza de trabajo barata y calificada, de la posibilidad de acaparar bienes naturales como tierra y agua, de la falta de regulaciones ambientales, laborales y fiscales que sí existen en sus países. El valor de las exportaciones agrícolas de Estados Unidos a México es superado todos los años por la venta de los productos de las trasnacionales estadounidenses instaladas en el país, que controlan importantes segmentos del mercado. El Tratado México Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no cambia estas condiciones, sino que las profundiza.

El último año del sexenio peñista (2018), cerró con una importación de maíz de 17 millones de toneladas, mientras aquí se produjeron más de 27 millones. Desde 1996 las importaciones del grano crecieron exponencialmente y no por falta de producción nacional, sino por un cambio en los patrones de consumo de sus grandes consumidores. Muchos campesinos y agricultores no pudieron vender sus cosechas, pues sus mercados habían sido inundados por el cereal estadunidense subsidiado, que convertía la importación de maíz a México en un negocio financiero. Los maíceros nacionales fueron colocados en el mercado abierto desde los primeros años del TLCAN.

Las grandes comercializadoras y procesadoras trasnacionales de granos, con el apoyo de los sucesivos gobiernos mexicanos (1995-2018), controlaron el mercado doméstico. Se beneficiaron de las importaciones mexicanas demaíz desde Estados Unidos, a la par que absorbieron gran parte de la cosecha nacional a precios internacionales y se hicieron de la in-fraestructura necesaria: molinos, plantas de procesamiento de aceites, pastas, jarabe de alta fructosa, mezcladoras para alimentos de animales, terminales de distribución, elevadores. Además impulsaron esquemas de financiamiento para productores y diversificaron sus operaciones hacia la producción de jarabe de alta fructosa de maíz, carne de res y pollo, fabricación industrial de alimentos, harinas, almidones, texturizantes y elaboración de alimentos industriales para animales.

La creciente demanda de piensos para el ganado y de alimentos procesados de granos y oleaginosas ha dirigido la integración de los mercados de Estados Unidos. Las grandes trasnacionales que operan en el mercado de la carne, como Smithfield, Tysson y Pilgrims, las dos últimas compradas por JBS, establecieron filiales en México, desplazando a los pequeños y medianos ganaderos para crear fábricas de puerco, pollo y res maltratados y hacinados, alimentados con granos industriales de importación como maíz transgénico, pasta de soya transgénica, granos secos de destilería con solubles (DDGS) que sobran de la producción de etanol. Estos ganaderos industriales buscan nuevos mercados en los países asiáticos y de Medio Oriente, y utilizan a México como plataforma exportadora.

Las agroindustrias globales instaladas en México son las principales demandantes de las importaciones de granos al país. En 2016 de un total importado de maíz de 14.2 millones de toneladas se destinaron a los fabricantes de ganado 77 por ciento y a los procesadores de alimentos industriales 19 por ciento.

Seguir el paso a la demanda imparable de maíz de las trasnacionales para lograr la autosuficiencia alimentaria, y establecer grandes extensiones de monocultivos de maíz amarillo con agricultura climáticamente inteligente, como proponen las corporaciones, es un contrasentido, lo mismo que pretender la autosuficiencia alimentaria en soya o arroz estableciendo monocultivos con agrotóxicos en la península de Yucatán.

La propuesta de autosuficiencia alimentaria del gobierno sirve a las trasnacionales y se opone a la soberanía alimentaria desde los pueblos.

* Directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano

https://www.jornada.com.mx/2020/07/19/opinion/019a2pol